En estos momentos, así como quizá muchos otros, me encuentro viendo mi serie de televisión favorita: Dr. House. ¡Pero qué bendición cuando hay una maratón de 24 horas de la serie! No hago nada, no me baño, solo desayuno, almuerzo y ceno viendo la televisión. ¿Es que nunca han visto Dr. House? Es simplemente, mi droga visual, tan igual, aunque suene extraño, como las mujeres.
Es fascinante cómo se presentan casos de enfermedades extrañas y cómo el protagonista los soluciona. Si no fuera porque no soy bueno con las ciencias, estudiaría medicina con prospecto a ser como el protagonista, tener un parecido a Sherlock Holmes en su capacidad de investigación de casos y ser así reconocido como un gran detective.
El humor del programa radica en la personalidad del protagonista y nada más. El contexto es un hospital y por lo tanto es un ambiente serio, pero la arrogancia del protagonista me causa tanta risa que incluso me incita a adoptar su actitud. Es verdad, en la serie, nadie lo quiere, pero a él no le interesa, entonces a mí tampoco.