Hace un tiempo fui a una orfanato. Nunca olvidare sus rostros de felicidad ante cualquier gesto amable de mi parte.
Después de mi visita, decidí organizarles un evento en el cual ellos pudieran divertirse, pero para eso tendria que idear alguna forma de conseguir dinero. Después de tanto pensar se me ocurrió recolectar botellas de plástico y venderlas. Primero avisé a amigos y familiares, luego creé un grupo en facebook para que la gente se uniera, también diseñe una página web. A las dos semanas la gente empezó a llamar.
Caminé todas las calles del distrito, de casa en casa, de puerta en puera. Recogí todas las botellas que pude, al llegar a mi querida morada las guardé en unas bolsas muy grandes. Estaba extremadamente emocionado no podía creer que estaba funcionando. LLegó un momento en el que me olvidé el motivo de mi recoleción y simplemente lo hacía porque me encataba llenar cada vez más mi habitación de ese plástico contaminante.
Antes de mi locura consumía muy poca agua, sin embargo empezé a beber de cinco a ocho botellas de un litro todos los días.
Ya tenía una gran cantidad de botellas en mi cuarto, otro tanto en el armario de mi hermana, ya era hora de venderlas y realizar mi verdadero objetivo.
Cuando busqué la forma de venderlas me enteré que tenía que llevarlas al otro lado de lima. Sigo buscando la solución para trasladar la gran cantidad de plástico.

