¿Quién no ha acumulado papel a lo largo de su vida? Es un hecho, es inevitable, se puede decir que es casi un reflejo. Y la verdad es que nunca te das cuenta hasta que te encuentras cara a cara con un cerro de hojas inservibles, escritas y/o garabateadas con o sin propósito alguno. ¿Alguna vez te diste cuenta?
Por ejemplo, y sin ir más lejos que la gaveta del cuarto de mis papás, están los temibles recibos. De luz, de agua, de cable, teléfono e internet, de seguros, ¡en fin! Cantidad de papelitos que, en algún momento, pudo tener sentido guardar pero que, al irte llenando la billetera, fuiste apachurrando en algún cajón. Hasta que, oh sorpresa, ya no era sólo un cajón. Eran cuatro o cinco.
Ya son varios los años en que mis queridos progenitores me piden que ordene los benditos cajones. ¿Quién hubiera pensado que unos papeles podrían pesar tanto? Y no me refiero a los libros gordos que te mandan en el colegio, la universidad, o cualquier otro curso de formación que puedas estar llevando, no. Me refiero a sobres ligeritos y hojas delicadamente ruidosas. Era tal la acumulación. Aún así, todos los años, desde hace unos 5, tengo que darme el trabajo y el tiempo de sacar todo el cargamento anti-ecológico que te llega cada mes recordándote la plata que debes, y, sin botar casi nada, acomodarlo por año, utilidad, y/o empresa. Y después, hay que volver a ponerlo en su cajón. No miento al decir que, con facilidad, hay varios kilos de recibos metidos en esos cajones.
Cualquiera diría que no hay necesidad de abarrotar espacio útil con tanto papeleo. Nadie puede encontrarle uso a recibos de hace 5 años. Por último, podrían escanearse y guardar en la computadora, aunque sea por reciclar ese papel y ese espacio. Pero es consabido que los papás no tienden a ser las personas más tecnológicas con que pueda encontrarse uno en la vida. Y los míos no son la excepción.
Hasta el día de hoy, no comprendo el porqué de ese abarrotamiento de recibos. No es que los saquen cada ciertos días o semanas o meses y comienzen a sacar cuentas. Yo sé que ahí hay recibos desde el 2004 o 2005. No hay por qué quedarse con todo eso hasta el día de hoy.
Pero, como ya le he escuchado a mi papá varias veces, ¿quién puede con el mar?
Samantha
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