Supongo que así como a mi me ha sucedido, a muchos de ustedes les ha molestado no poder instalar algunos objetos grandes en espacios útiles de su casa. Por ejemplo, uno decide comprar una bicicleta para salir a pasear, o comprar algunas máquinas de gimnasio para hacer ejercicios en su propio hogar, pero se da cuenta que el problema es el espacio donde guardar estas instalaciones. ¿Por qué? Quizás es una casa desordenada, quizás es el rincón/baño del perro, o quizás es el espacio de adoración de los padres.
Bueno pues, esta última opción es mi caso. Y con ese espacio de adoración me refiero a su colección personal de cosas queridas, en su caso, es una montaña colosal de cajas vacías. Tendría mayor sentido decir que son cajas de plastimodelismo y que a mi padre le gusta armar y desarmar estos tanques o aviones que vienen dentro de ellas en su tiempo libre; pero la verdad es que andan completamente vacías, sin excepción alguna.
Lo más interesante es su pasión por mantenerlas en el lugar donde están, nadie puede tocarlas, nadie puede verlas. Mi padre es ya mayor de edad, muy cerca de jubilarse. Cada vez que le pregunto sobre qué hará con esas cajas, me responde: “Cuando me jubile lo sabrás, tendré bastante tiempo ocupado... ahora anda a hacer tus tareas”.
